Muchos jóvenes y niños colocan
información en Internet visible para todo el mundo, no configuran nada para
proteger su identidad. Ellos quieren que todo el mundo los vea, quieren ser el amor
platónico de medio mundo; quieren que los ex novios vean cómo siguen divirtiéndose
y pasándola bien sin él/ella; aceptan a muchas personas que no conocen para socializarse
o para que vean que tienen muchos amigos. En muchas ocasiones los jóvenes
revelan información confidencial y personal, suben fotos de la casa,
direcciones para saber cómo llegar, información que aprovechan los
secuestradores.
Principalmente las jóvenes son las que se exponen a un
secuestro. Cuando una joven se empieza a
sentir que nadie la comprende, se siente
sola porque sus amigas de la infancia empiezan a tener novio, ya no están mucho
tiempo juntas y tal vez se desarrollaron físicamente más pronto que ellas. Esta
adolescente aún tienen cuerpo de niña, entra a un chat y hace contacto con
alguien que dice tener 16 ó 17 años,
pero que empieza dando consejos que las hacen sentirse mejor y luego, cada vez
que ella se conecta, él está ahí, lo
cual le hace sentir una emoción muy parecida al amor y eso la motiva a
intercambiar no solamente su dirección de correo electrónico, sino también su
número telefónico y su dirección física. Días después él le manda su fotografía
y la convence para que se encuentren en un sitio muy público, al mediodía, pero
el amigo cibernético no se presenta a verla. Esa misma noche se conectan y le
informa que no pudo acudir porque tuvo un accidente, citándola en otro sitio,
ya no tan público ni tan temprano. Ella va, confiada en que se encontrará con
su amigo virtual, tan agradable y leal, y es secuestrada, pero no para pedir rescate,
sino para entrar a la red de la trata de blancas y la pornografía infantil.
